Thursday, August 21, 2008

Credulidad (L. A. Spinetta)

Las uvas viejas de un amor
en el placard
son esas cosas que te están amortajando
Haciendo esta salvedad
tu mente ya estará progresando
Pero vas donde sonrisas te dan
esos encapuchados de un mundo viejo
No, ¿no ves que nada te dan?
Credulidad
Credulidad
Lo peculiar de nuestro gran calabozo
es esta especie de terror por el bosque
La risa nena no podrá surgir
a menos que te subas al árbol
Bien, el árbol es la verdad
descansa por tu cuerpo, cierra ya los ojos
Hoy tus uvas vas a tirar
Credulidad...

(Quería escribir algo, pero Spinetta ya lo dijo mejor)

Thursday, July 17, 2008

Una de tantas cosas...

Una de las cosas que más me cuestan a la hora de sentarme a escribir es el tema. Porque como tener, tengo muchísimo para decir, pero elegir una cosa a veces se hace difícil. Quisiera poder escribir sobre todo lo que pasa, sobre todo lo que veo, sobre todo lo que pienso y siento, pero al mismo tiempo. Y no se puede, claro que no, peras y olmos. Ponele que elijo escribir sobre lo que pienso de lo que viene pasando en el país. Puedo hablar del campo y de la bronca que me da el egoísmo de toda esta manga de oligarcas, o de cómo me molesta la miopía (quizás voluntaria) de la clase media que repite sin pensar consignas como "el campo es la patria" y otras cosas que me dan un poco de miedo, quizás porque aprendí a desconfiar de los que apelan demasiado a la patria, a la bandera, al nacionalismo y a toda esa sarta de cosas. Yo veo muchas banderas y me asusto un poco. Desconfío. No me creo nada de nada. Y encima quieren hacerme creer que el campo es la patria, a mi que vivo en una ciudad de varios millones de habitantes, a mi que nunca fui al campo, a mi que rompe las bolas que sigamos siendo un país agroexportador que nunca tuvo una puta industria decente, ni con el peronismo, porque tampoco nos creamos que la industrializacion peronista fue nada del otro mundo, pero bueno, al menos fue algo, mas de lo que hicieron otros. Y en definitiva, que se yo, tanto campo tanto campo, pero del campo de los indigenas nadie se acuerda. Ni el gobierno que se la pasa hablando de redistribuir, pero apenas si se le ocurre subir una alicuota, lo cual (seamos realistas)no soluciona una mierda de los problemas de los que se cagan de hambre. No resuelve los problemas de la gente a la que le venden la tierra, y un dia viene un gringo y lo echa y le pone alambrado a su magro terreno, y despues lo manda meter preso por cortarlo, total no es mas que un campesino ignorante. ¿Que sabe él de retenciones o del conflicto del agro? A él lo rajaron de la tierra de sus ancestros, y de él nadie se acuerdo. La riqueza sigue concentrada en las manos de una manga de joputas, y ¿quién hace algo? Después me dicen que "no está mal ganar plata" y no, no es que esté mal. Lo que está mal es creerse que porque te compraste un campo y tenés un papelito que lo dice, podés hacer lo que se te canta el orto y plantar lo que quieras, y no pagar un impuesto de nada, y desabastecer el mercado interno o cobrar las cosas a cualquier precio, total que la gente se cague y pague el "lomo a 80 pesos", si afuera me pagan más. Pero claro, los de la derecha hablan de los "montoneros" del gobierno y los acusan de zurdos, cuando son menos zurdos que el señor Burns. Sólo la ignorancia de la derecha puede asignarles un lugar en la izquierda a la gente que tenemos en el gobierno, con su tren bala tan menemista y su populismo berreta. Pero bueno, peras y olmos. Al final es todo lo mismo, y me dan ganas de rendirme, pintar mi aldea, y mandar a todos a la mierda, total la mayoria se lo merecen. Los que se polarizaron como si fuera un partido de futbol, los que creen que apoyar al campo es apoyar a la patria (¿alguien me puede explicar ese concepto, por favor?), los que creen que apoyar al gobierno es apoyar una especie de revolución socialista, y que se yo cuanta gilada más. Y bueno, el congreso rechazó las retenciónes, y la derecha se solidificó un poco más, ganó referentes y fuerza, y bla bla... como si la supuesta izquierda del gobierno fuera la gran cosa. Como si, de una manera o de otra, los que se cagan de hambre se fueran a cagar menos de hambre. Y me estoy yendo al carajo, ¿ven? No puedo hablar de muchas cosas si me cuelgo así hablando de una sola. Pero como de todas formas ya establecí que no puedo hablar de todo, o al menos no puedo hacerlo y al mismo tiempo escribir algo de alguna calidad literaria o de algún interés, no me importa mucho. No se si alguien habrá llegado hasta acá, y si alguien lo hizo, seguramente ya se está arrepintiendo. No, mejor no hablo más del campo. Ni del gobierno. Ni de los que se cagan de hambre. De esos no habla nadie, después de todo. Y a vos, lector/a, seguramente no te interesa. Es mejor que no te lo recuerde. A ver si, como a mi, te agarra un cargo de consciencia y por un momento pensás "que barbaridad" antes de volver a tus polaridades de izquierda y derecha, de campo o gobierno, que en definitiva no van a hacer que esos, de los que no hablo más, tengan vida digna. Si, podría hablar de eso, pero mejor no. A ver si alguien tiene cola de paja y se ofende.

Monday, June 16, 2008

Se va, se va...

Se está yendo. De a poco, sin un gran drama, sin espectacularidades, pero se está yendo. Se desvanece de a poco, mi abuelo. Me acuerdo de él cuando yo era chico. Un tipo fuerte, de voz firme y puteada fácil. Fue él quien me enseñó el mejor insulto que escuché en mi vida, uno simple pero fuerte: "Hijo de remil putas", con la R bien marcada, con la T que escupía un poco, y con una S al final que le daba un tono majestuoso a esa puteada. Me acuerdo de las cosas que se cuentan de él (aunque casi nunca de su propia boca... de hecho, es muy poco lo que sé de él por su propia boca). Que cantaba tango. Que era de salir de joda toda la noche, quizás más de una noche, a quién sabe qué bares y fondas de una Buenos Aires casi mítica, con su voz tronando junto a algún bandoneón y el vino que fluía por los vasos. Es una imágen que construí con mucha imaginación, basada en algunos testimonios confusos. Me lo acuerdo en su oficina, cuando trabajaba de jefe de algo en la compañía ferroviaria, gritándole a algún empleado. Me lo acuerdo leyendo el diario y tomándose un vermut. Me lo acuerdo llamando todos los días a ver cómo estaba. Me lo acuerdo de fuego, o de piedra. Son recuerdos nada más, de un abuelo que ya no está, y si aún está, cada vez es más difícil encontrarlo en el viejo casi ciego y sordo, de voz temblorosa y respuestas monosilábicas que veo cada día. Se va, se desvanece de a poco. Quiero sentarme con él y pedirle que me cuente todo sobre esas noches de tango, sobre su acérrimo radicalismo, sobre su vida y su experiencia, sobre él, pero digo sobre él de verdad, el abuelo que nunca conocí debajo de todas las imágenes que tengo de él. Pero es difícil, muy difícil, porque esa persona se está desvaneciendo, se está yendo, y apenas se detiene en una conversación corta junto a la puerta antes de cruzarla, y de irse a quien sabe donde, quizás a la nada, o quizás (ojalá) a una fonda porteña celestial en la que el vino siga fluyendo, y su voz pueda volver a cantar un tango junto a algún bandoneón que llore las penas de una vida terminada.

Sunday, May 11, 2008

Refutación del Karma

Que es esa cosa a la que nos aferramos con fuerza para no perdernos, de que nos agarramos cuando estamos por salir de nosotros mismos, que es lo que nos ata, que se requiere para cercenar la union, quizas soltarse sea doloroso, quizas simplemente ese hilo de razon nos diga una verdad, quizas sea una verdad que cubre la cobardia, quizas sea uno que no quiere dejar de ser uno y se pregunta donde deja uno de ser uno y por que, donde se marcan las lineas, que se gana al marcarlas, que se gana al respetarlas, respeto propio, quizas, pero no, no es eso, es saber que uno hizo lo correcto y no sentirse satisfecho, darse cuenta de que lo que paga es el crimen, pero aun asi no cometerlo, es quedarse con un mal sabor de boca, es mirar un poco desde abajo, es despues levantarse y pensar, y pensar, y saber que la coherencia tiene un precio que hace que no siempre sea redituable, bah, a quien queremos engañar, nunca es redituable, uno hace (o no hace)ciertas cosas porque piensa que están bien, o mal, depende el punto de vista, pero la cosa es que terminas teniendo las de perder, o perdiendo directamente, aunque eso depende de las reglas del juego, y el problema es entrar en el juego del otro (o de la otra), y ahi se ve como se ejercen las relaciones de poder, y en esos momentos en que todo parece tener hilos de los que tirar uno se aferra como puede, entonces, a esa cosa que esta ahi, que quizas sea el yo, quizas sea el miedo, quizas la seguridad, o quizas sean simplemente los principios, los valores, los codigos, y si es eso, entonces esta bien, pero la puta madre que no es redituable, esto del karma es todo una mentira.

Thursday, May 01, 2008

Oid el ruido de rotas cadenas...(¿?)

La libertad es una utopía, de eso estoy convencido. En todo caso, podemos hacer un camino de liberación, que nos haga ser más libres que antes, pero nunca del todo. Lo que pensamos y cómo lo pensamos está determinado por múltiples factores: nuestro idioma, educación, vivencias, lecturas, alimentación (o falta de ella), nivel socioeconómico, y un montón de cosas más que no tiene sentido enumerar, porque creo que ya demostré mi punto. La cosa es que no somos libres, y pretenderlo sería una estupidez. Pero podemos tratar de ser un poco más libres, porque quizás si lo fuesemos nos daríamos cuenta de que casi todo lo que creemos son mentiras, algunas accidentales y otras no tanto.
Yo, por ejemplo, me doy cuenta de que no soy libre cuando no puedo evitar ser machista a pesar de creer que el machismo es una construcción histórica sociopolítica. Cuando pienso en terminos de raza a pesar de que no creo en la existencia de las razas, a no ser que hablemos de la raza humana, que es una raza de mono, como pueden ser el gorila o el chimpancé. Cuando en algún rincón de mi mente sigue pesando más Shakespeare que... bueno, justamente, apenas si conozco un par de autoras negras o semitas, y en cambio los hombres europeos blancos abundan en mi biblioteca. Cuando pienso en Argentina como un márgen del mundo cuyo centro está, más que nada, en el hemisferio norte, en la parte de arriba de un mapa que en realidad no tiene arriba ni abajo. Y ni hablar de países como Mongolia, que si existen es sólo gracias a que alguna vez existió Gengis Khan, y andá a saber que pasa ahí ahora. Cuando clasifico la música en mi computadora en carpetas rotuladas "Nacional", "África" y "Mundo", mientras que la música estadounidense o inglesa no requiere clasificación por país, continente o planeta, porque claro, la música por excelencia es esa, tal como me dijeron en la radio y las revistas.
Si hay algo de lo que todos los días me doy cuenta es de qué poco libre que soy, por no decir esclavo, porque esclavos eran los negros, pero por la gracia de unos hombres blancos (descendientes de quienes los habían esclavizado) fueron liberados, y ahora les permitimos ser parte de nuestras instituciónes, bueno, no tanto acá en Argentina, donde no hay negros. Había, sí, pero desaparecieron, eran apenas una nota de color en la revolución de mayo, donde vendían pastelitos, y ahora no existen más, porque aunque hay como dos millones de Argentinos con sangre africana en las venas, nos hemos ocupado de aniquilarles la cultura, de esconderlos, de hacerlos mezclarse y "enblanquecerse", todo para poder decir que somos la Europa de Latinoamérica. Bueno, ahora lo que quedan son negros cabeza, pero no es lo mismo, esos son indios, vinieron del campo, son todos pobres y sucios y cuidáte porque te van a robar. Faltaría decir que hay que matarlos a todos, ¿no? Seguro que lo escuchaste decir. Quizás hasta lo dijiste. Y después me vas a explicar que no quisiste decir eso (o quizás vas a tratar de justificarlo, creyendo que tenés razón y que esa idea es tuya), que cuando decís que a los negros hay que matarlos a todos no hablás de negros africanos (como si hubiera diferencia, si el color de piel es oscuro por venir de África es plíticamente incorrecto, pero si es oscuro por venir de América, o incluso por ser una mezcla afroamericana, entonces son negros de mierda), que cuando decías matarlos a todos no te referís a todos, sino solo a los criminales (y seguro que te creés que son criminales porque son malos, que te sentís excento de responsabilidad, que pensás que son insalvables y que matándolos les harían un favor, porque nosotros los blancos estamos para hacerles esos favores a los pobres negros, darles trabajo por nuestra gran gracia y caridad, o matarlos por ocupar el lugar que les hicimos ocupar, total son negros, o indios, o lo que sea, pero no son blancos ni europeos, así que...). Yo no estoy excento de pensar esas mierdas. A veces me sorprendo a mi mismo con una de esas estupideces en la cabeza. Pero al menos sé que son estupideces. Sé que son cosas que me fueron impuestas, que me condicionan a veces, pero contra las cuales me puedo rebelar, y de las cuales, aunque sea un poco, me puedo liberar. Y ésa es nuestra verdadera liberación. Sólo libres de esas cadenas que nos imponen en la mente (ellos, nuestros enemigos impersonales y a veces muy personales), podemos algún día hacer de la libertad algo más que una palabra, y mucho más que un deseo.

Wednesday, April 23, 2008

"Libertad es sólo otra manera de decir que no queda nada por perder."

Saturday, February 23, 2008

Aquel al que renunciamos...

Una valija azul, otra verde, una caja bien grande, una mochila negra... un hombre mira la cinta de equipajes con ojos nerviosos, y con los mismos ojos mira a su alrededor, hacia las puertas, hacia su izquierda, la misma dirección en la que miró aquella vez, y la vio a ella venir caminando con un saco blanco y una sonrisa gigante. La había visto a la distancia, sin estar seguro de que fuera ella, y ella lo había reconocido y había apurado el paso, con una sonrisa enorme. Casi sin creer que estaban juntos, se habían abrazado y besado, y él había mirado con los mismos ojos nerviosos hacia la cinta de equipajes, no sea cosa que se le pasara de largo la mochila. Ahora mira la cinta, y mira a su izquierda, y esta vez ve su mochila primero. Y mira de nuevo a su izquierda y la ve a ella. Está más flaca, piensa. Le queda muy lindo el pelo así. Está hermosa. Ella apura el paso, sonríe, pero no igual que antes. Se dan un abrazo muy largo, pero esta vez no se besan, aunque quizás ambos quieren. Hay un dejo de tristeza en su reencuentro. Muchas cosas han cambiado desde la última vez, sobre todo ellos. Se van juntos, sin saber si caminar abrazados, si decirse que se aman, quizas porque ya ni siquiera saben si se aman. Toman el metro, se miran a los ojos...
Una voz le anuncia que están llegando. Abre los ojos somnolientos y mira a su alrededor. Se sacude el polvo que se acumuló sobre su cuerpo, y mira a su alrededor. Nunca se sintió tan extranjero, y a la vez tan en casa. Se baja del jeep y siente que las miradas lo juzgan turista, aunque el se sabe viajero. Lleva su guitarra y el poco equipaje que le queda: un bolso azul remendado con unas pocas prendas de ropa sucia, un anotador y un pequeño grabador. El resto lo perdió, tiró o regaló hace ya mucho, cuando se dió cuenta que casi todo lo que llevaba estaba de más. Se sienta contra una pared, saca su libreta y escribe: "El precio a pagar por cumplir un sueño es otro sueño..." Durante un momento piensa en ella, y lo asalta una tristeza ya familiar. "¿Cual sueño vale más?", escribe, "¿Aquel que conseguimos o aquel al que renunciamos?" Se detiene un momento y mira a su alrededor. Sonríe melancolicamente, y escribe: "Aquel al que renunciamos, siempre". Después guarda su libreta en el bolso, y camina sin rumbo fijo por las calles de Timbuktú.